Vila Olímpica

Antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992, el área que hoy ocupa la Vila Olímpica formaba parte de la zona industrial de Poblenou y estaba poblada de edificios industriales desocupados, en activo o reconvertidos. Por otra parte, desde el siglo XIX, las playas de todo el litoral barcelonés estaban ocupadas por suburbios de chabolas habitadas por familias que vivían en condiciones denigrantes. Algunas de estas barriadas eran el Somorrostro, el barrio de Darrera del Cementiri, Bogatell y Pequín. La Vila Olímpica ocupa hoy parte de los desaparecidos núcleos de barracas del Somorrostro y Bogatell.

En 1986 Barcelona ganó la candidatura a los Juegos Olímpicos de 1992 y se inició entonces una profunda transformación urbanística en muchos puntos de la ciudad. Así, en un sector del litoral de Poblenou se decidió ubicar la Vila Olímpica, esto es, la ciudad que alojaría a los atletas. El diseño se adjudicó al equipo de arquitectos formado por Josep Martorell, Oriol Bohigas, David Mackay y Albert Puigdomènech, quienes organizaron el espacio siguiendo —con algunas variaciones— el modelo de Eixample ideado por Ildefons Cerdà. Las edificaciones de la villa olímpica se encargaron a aquellos arquitectos que habían ganado en alguna ocasión el Premi FAD d'Arquitectura, concedido por el Foment de les Arts Decoratives, una histórica institución barcelonesa.

El proyecto de construcción de la Vila Olímpica desalojó a 157 industrias, algunas de las cuales cerraron definitivamente. Uno de los pocos recuerdos del pasado industrial de la zona es la chimenea de la vieja fábrica Can Folch, que actualmente preside los Jardins d'Atlanta. La empresa Folch, Albiñana i Cia. se construyó entre 1882 y 1898 y se destinó a diferentes usos, entre otros, como fábrica harinera y destilería. En 1970 el complejo fabril se dividió en locales de alquiler hasta que, en agosto de 1987, a pesar de su interés histórico, fue derribada por las obras olímpicas. Sólo se mantuvo la chimenea.