Dreta de l'Eixample

  Orígenes del Eixample

El Eixample creció a partir de 1860 cuando, tras la destrucción de las murallas iniciada en 1854, Barcelona se eixampla (ensancha) por la llanura que la rodea, hasta entonces considerada zona militar y utilizada para el cultivo. Sobre esta llanura, entre la antigua ciudad amurallada y las poblaciones circundantes, fueron desarrollándose los cinco barrios del distrito. Este proyecto urbanístico de ensanchar la ciudad se realizó según lo establecido por el Plan Cerdà, un proyecto ideado por el ingeniero catalán Ildefons Cerdà y que tras largas controversias fue aprobado y puesto en marcha en 1860.

De los cinco barrios del distrito, tres de ellos surgieron de la absorción de zonas que ya tenían algo de actividad antes de la destrucción de las murallas de la ciudad (Sant Antoni, Sagrada Família y Fort Pienc) y los otros dos se desarrollaron a raíz de la expansión iniciada en 1860.

La Dreta de l'Eixample fue la primera área en urbanizarse y hasta la década de 1930 fue la zona residencial de las clases acomodadas de Barcelona que posteriormente se trasladaron al distrito de Sarrià-Sant Gervasi y al barrio de Pedralbes. Las fincas de finales del siglo xix y princios del siglo xx son, por tanto, muy numerosas. La Rambla de Catalunya y el Passeig de Gràcia, los dos grandes paseos del Eixample, formaban parte de la Dreta del Eixample y acogieron gran parte de las residencias más lujosas de la clase burguesa.


[+] Paseo en tranvía por el Passeig de Gràcia y la calle Gran de Gràcia 48 años después del inicio de las obras del Eixample (Ricardo Baños, 1908). 

  El Plan Cerdà

La densificación y las pésimas condiciones de vida que carecterizaban a Ciutat Vella en la primera mitad del siglo XIX —hecho especialmente agravado por los efectos que la industrialización traía consigo— llevaron a la ciudad a solicitar en varias ocasiones la demolición de las murallas. En 1854 el Capitán General cedió finalmente a esta solicitud y, además de iniciarse el derribo de las murallas, se gestó el proyecto de ensanchamiento por la llanura circundante. Tras una larga controversia y el cruce de planes urbanísticos promovidos por el gobierno central de Madrid y el gobierno municipal, en 1860 fue aprobada definitivamente la propuesta del gobierno central materializada en el Plan Cerdà.

Este plan fue desarrollado por Cerdà entre los años 1854 y 1859 y constituye uno de los proyectos pioneros de la urbanística moderna. Entre los presupuestos teóricos básicos que recoge, se encuentran las ideas sobre el higienismo y las acertadas previsiones sobre la circulación a motor.

El esquema básico del Plan Cerdà se fundamenta en la isla o manzana, es decir, un cuadrado de 113.33 m de lado que genera un trazado ortogonal o cuadrícula formada por calles rectilíneas de cerca de 20 m de anchura. A este sistema básico se integran seis grandes ejes de 50 m de ancho que estructuran el conjunto de la ciudad y sus relaciones: la Gran Via de Les Corts Catalanes como eje horizontal; la Avinguda Diagonal, que atraviesa la llanura desde Collserola hasta el mar; el Passeig de Gràcia —ya existente y respetado por Cerdà— y el Passeig de Sant Joan, los dos grandes ejes verticales del conjunto; y la Avinguda del Paral·lel y la Avinguda Meridiana, cuyo recorrido virtual hace confluir estas diagonales en el puerto. El cruce entre la Gran Via, la Diagonal y la Meridina iba a convertirse, según Cerdà, en el centro de la ciudad. Pero nada más lejos de la realidad: actualmente la Plaça de les Glòries es un nudo de vías rápidas.

Las calles o proyectos de calle que integraban la cuadrícula de Cerdà recibieron nombre en 1863. El político e historiador Víctor Balaguer fue el responsable de ello y se inspiró en la historia y los símbolos de Cataluña: instituciones históricas de Cataluña (Gran Via de les Corts Catalanes, Diputació, Consell de Cent), los territorios de la antigua Corona Catalono-Aragonesa (Aragó, València, Rosselló) y personajes catalanes significativos (Pau Claris, Roger de Llúria, Muntaner).

Aunque inicialmente sólo iba a construirse sobre dos lados, las islas en forma de octágono propuestas finalmente por Cerdà estaban edificadas en los cuatro costados pero integraban un acceso al interior de la manzana destinado a ser un espacio público al aire libre y ajardinado. Los bloques previstos iban a ser de planta baja y tres pisos.

El Plan Cerdà iba acompañado de propuestas de ordenaciones municipales para que regularan su ejecución. Sin embargo, ya en la década 1860 se incumplieron algunos de los preceptos del plan y la especulación ganó rápidamente terreno a las intenciones de Cerdà: se construyó en el interior de las islas, se edificaron más pisos de los inicialmente propuestos y se eliminaron las pasajes comunales.

Entre 1861 y 1864 se construyeron las cuatro primeras fincas del Eixample: las ubicadas en los chaflanes del cruce del Carrer de Consell de Cent con el Carrer de Roger de Llúria. Aunque una de ellas ya no existe, es posible imaginarse cómo eran originariamente gracias a la reciente restauración de los esgrafiados de la fachada de otra de ellas. A partir de ahí la ciudad de Barcelona no paró de crecer y extenderse por su nuevo ensanche.